Las hormigas tenían por costumbre merodear por lugares de la casa en todo momento sin pedir permiso previo a nadie o mejor dicho a mí, que soy la dueña.En realidad nunca me preocuparon excesivamente, en tanto y en cuanto no se me cruzaran demasiado. Siempre pensé que todos podíamos convivir en está pequeña casa, rodeada de un gran jardín a los pies de las sierras cordobesas.
Yo fui consciente, bueno no mucho descubro hoy, que ellas estaban realizando una gran investigación arqueológica sobre quien o quienes, han habitado su territorio posterior a su llegada. Tengo la teoría que existe una fracción, seguramente terroristas que según mis estudios deduzco son los machos alados ( he leído por ahí que solo viven hasta el acto de la procreación, por lo cual estos deben ser una especie que practican el celibato) llámese hormigas voladoras, que sienten sus derechos atávicos de ocupar el territorio que ellas consideran les ha sido usurpado.
A veces las he visto en cuadrillas y estoy segura que recorrían el terreno con colegas llegadas de estados más antiguos, exóticos, observando y midiendo la construcción que se ha realizado sobre su propiedad y evaluando la forma de solucionar el conflicto que para ellas representa la casa sobre su morada con los consiguientes peligros que les significa la convivencia conmigo.
He pensado incluso que las voladoras, las hormigas voladoras o machos alados practicantes del celibato, son en las que se sustentaron los antiguos camicaze, ya que muchas mañanas de otoños han intentado embestirme de forma suicida. Verán que los peligros no son solo para ellas.
Esto es una impresión general, que luego detallaré, por que en realidad lo que me ocupa y preocupa en este día, es discernir ¿cómo fue que estando sentada gran parte del día trabajando en el escritorio frente al ventanal que da a las sierras chicas, no descubrí antes que estaba siendo trasplantadas desde mis raíces? Peor aún, como pude estar tan desprevenida todo este tiempo, y no darme cuenta que ellas, han transportado mi casa hasta la orilla de este inmenso mar intranquilo y escandaloso, que hoy están viendo mis ojos por primera vez desde el mismo ventanal que está frente al escrito en el que trabajo.
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