Aquella madrugada sentí que mis ojos se inundaban de lágrimas llenas de profundo abatimiento, no por nostalgia de un futuro que ya no sucedería, sino por el vació que se sentía al renovar en mi memoria las palabras pronunciadas durante los días precedentes a esa madrugada triste.Cuando vivo o escucho de hechos similares, me vuelvo a preguntar: ¿por que centellea tanto en nosotros lo débil, lo frágil, el error de los otros? ¿Por que permitimos que ese resplandor engañoso apague toda la luminiscencia que irradio nuestras ilusiones? ¿Por que olvidamos tan fácilmente a quien nos dio la cuota de felicidad que necesitábamos en el momento más oscuro del día, la cuota de cariño, del abrazo tierno, la mano cálida? ¿Cuales son los mecanismos insensibles que nos someten siempre ante este tipo de circunstancia? ¡Donde la esencia, el amor, la amistad, verdadera!
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