Esta historia comenzó en la década del 50 en un barrio porteño de Buenos Aires. Si inicio diciendo: Esta es la historia de Rosaura, poco dirá este nombre, pero si hablo de Natalio Ruiz, el hombrecito del sombrero gris, muchos la reconocerán como esa triste canción llena de desdichas e intrigas. ¿Fue Rosaura quien provocó la eterna desdicha de este hombre?Rosaura vivía con sus primas y con su solterona Tía Eduviges, en una casona de Belgrano "R", que todavía hoy existe, en calle Zapiola entre Mendoza y Juramento.Rosaura fue una mujer de salud frágil, sufrió a lo largo de su vida de fuertes crisis asmáticas, por lo cual los médicos que la atendían, y según la usanza de la época, le recomendaban pasar largas temporadas en el Hospital Santa María, ese que se ve desde el Puente Carretero en la localidad de Santa María, en las Sierras cordobesas.Natalio, fue un gran escribiente epistolar.
Intercambio con Rosaura interminables cartas de amor llenas de aroma a jazmín.
Las respuestas a las cartas de amor de Natalio eran enviadas por Rosaura a la casona de Belgrano, por lo cual él pasaba cada quince días a recogerlas.
Una calurosa tarde de febrero, Natalio concurrió a la residencia de la calle Zapiola, y fue recibido por la tía Eduviges, quien estaba sola en la residencia ya que el resto de la familia, disfrutaba el verano paseando por el mar.
La Tía Eduviges, por todos conocida como las más perversas y arpías de las mujeres de Buenos Aires de la época, gustaba de asustar a grandes y chicos. Lo hizo pasar y le convidó con una fresca limonada que ella misma había preparado especialmente, a la cual Natalio dado lo agobiante de la jornada, no pudo ni quiso despreciar.
Al mismo tiempo lo considero una buena oportunidad para conversar amigablemente con la tía, a la que debía definitivamente "dulcificar" para granjearse con ella y en su momento, animarse a pedirle la mano de su bella Rosaura.Lo cierto y tristemente incomprensible de la situación, es que habiendo transcurrido media hora de una forzada conversación, Natalio, comenzó a sentirse mareado, por lo que se incorporó a buscar su sombrero gris, anunciándole a la tía Eduviges que se retiraba. Fue entonces cuando notó que las piernas le temblaban, y en un breve instante, se desvaneció.Era ya de noche cuando Natalio Ruiz despertó. Estaba en el sombrío dormitorio de Tía Eduviges. En su cama, inmóvil, perplejo y desnudo. Todavía algo atontado alcanzó a escuchar el ruido de unos pasos que se acercaban al cuarto. Desafiante en la puerta se detuvo con su horrible y burlona sonrisa Tía Eduviges, la mujer desnuda y con tacones altos le sonrió y con su mirada le hizo comprender lo que había ocurrido entre ellos.A tientas y asustado, Natalio buscó sus pantalones, alcanzó a ponérselos raudamente y olvidando su famoso sombrero gris, salió corriendo de la habitación, sin prestarle atención a las palabras de la tía, insólitamente devenida en amante forzada. Creyó escuchar unos ruegos, unas exclamaciones, que no alcanzó a entender pues para entonces ya había traspasado el umbral de la puerta exterior. Natalio Ruiz, corría desesperadamente, corría sin su sombrero gris…corría con su vergüenza a cuesta, su amor perdido y la urgente necesidad de desaparecer de Buenos Aires, como Rosaura había desaparecido recientemente de su vida. En su tristeza dejó entrever el fin.
Cuando pasó el tiempo alguien se preguntó en un café de Buenos Aires ¿A dónde fue a parar Natalio Ruiz, el hombrecito del sombrero gris ? Las respuestas que se daban surgieron de los comentarios de unos turistas uruguayos, ellos aseguraban que Natalio vagaba mal entrazado y perdido, por la calle Mayor de Colonia del Sacramento.
Quienes trajeron estas noticias aseguraban haberlo visto hablar solo y saludar a quien se le cruzara con un gesto trágico y triste: Natalio Ruiz, famoso por ser el hombrecito del sombrero gris, se llevaba la mano derecha a su cabeza, como quien saca levemente su sombrero y lo vuelve a poner en su lugar luego de un atento saludo. Pero solo era un gesto imaginario. Y una nueva duda nació, saber de su sombrerito gris.
Una de las versiones de la historia cuenta que el sombrerito gris de Natalio permaneció guardado en una caja, bien oculto, en un rincón del ropero de Eduviges. Fue descubierto varios años después, una tarde de Noviembre por una nieta de Rosaura, quien inocentemente se lo calzo y bajo a mostrárselo a su abuela. Al descubrir el por que de tanto alboroto de la niña, Rosaura le quito el sombrero gris, lo retuvo entre sus manos, lo miro fijamente, le pregunto donde lo había encontrado y luego de la respuesta de la niña Rosaura tuvo su última crisis asmática muriendo repentinamente.
Si caminan en las tardes de Noviembre por la calle Zapiola en Belgrano R, quizás puedan ver un hombrecito con sombrero gris cuidando flores en los jardines de una vieja casona que ya nadie habita.
A quienes aseguran que en el Cementerio de la Recoleta descansan los restos de Natalio Ruiz, en los registro no hay ningún indicio de que sea cierto. Y es bastante dudoso que así sea, ya que Eduviges, desde el bronce oscuro, pegadito a la puerta de la bóveda que la familia posee, lo sigue asustando con su temeraria y libidinosa cara de arpía.
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